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11 de noviembre de 2012

Un centro de día, ¿A dónde me vas a llevar?

Eso fue lo preguntó la Doña Amalia cuando su nieto le dijo que quería llevarla a un centro de día, que también se conocen como estancias diurnas, casa de día o estancias de día. Sentía miedo e incredulidad porque no sabía que era ese lugar, cuánto tiempo tendría que estar allí y que cosas podría hacer.

Doña Amalia llegó a la casa de día llevada por su nieto, con mucha reserva saludó a la Trabajadora Social del lugar y esperó a que sus compañeros terminaran la clase de zumba y acondicionamiento físico para que la pudieran presentar con el grupo.


Después, comenzó la hora del almuerzo, varios adultos mayores empezaron a sacar ensaladas de frutas, jugos, tortas, algunos tamales que habían traído para comer, pero sobretodo para compartir con sus compañeros. Amalia  se sentó con otros adultos mayores que le contaron sus propias razones para asistir a la estancia de día:

"Mi pie ya no me ayuda a caminar, pero prefiero hacer el intento y venir aquí, a platicar con todos. Si me quedo en mi casa, me aburro mucho..."

"Yo vengo aquí porque hay un gimnasio que puedo utilizar para ejercitar mis manos y rehabilitarme...quiero viajar a ver a mi hija y a mis nietos y quiero estar en buena condición física"

"La verdad, a mí me gusta mucho el relajo y en la casa de día encuentro gente que le gusta reírse de mis chistes y me paso la mañana muy a gusto"

"En mi casa están mis nietos y aunque los quiero mucho hay veces que no aguanto tanto bullicio en la casa. Aquí encuentro un lugar tranquilo donde puedo platicar."

"En casa de mi hijo solamente me la paso peleando con mi nuera, así que mejor prefiero estar aquí en donde me siento relajada y puedo hacer lo que me gusta."

Así Amalia conoció un poco de la situación de vida de las otras 60 personas que estaban en el centro de día. Esto cambio su perspectiva porque se dió cuenta que otros adultos mayores tenían los mismos problemas que ella o peores y que aún así querían vivir de mejor manera, para lo cual hacían su máximo esfuerzo.

Terminado el almuerzo comenzaron las actividades recreativas, podía elegir la que quisiera: bordado con listón o hilo, taller de manualidades, aprender a dibujar, clase de pintura al óleo, entre otras.


También tenía que considerar si deseaba participar en el curso de alfabetización que ofrecía el INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos) en la casa de día. Amalia aún no sabe leer, ni escribir bien.

Una de las maestras le entregó su calendario de actividades del mes y le indicó las fechas en las que harían el paseo mensual con todo el grupo, así como la fecha de su evaluación psicológica y el día que le tocaba su cita con el médico geriatra del lugar. Además, le dijo que incluyera en su agenda la celebración cumpleaños de una de las compañeras y la despedida de soltera de la maestra de zumba. Amalia estaba sorprendida de todo lo que tenía que hacer.

Cuando dieron las dos de la tarde, el nieto de Amalia ya la esperaba afuera de la estancia de día, pero ella no salía porque seguía despidiéndose de sus compañeros.

Amalia por fin salió y le dijo a su nieto que al día siguiente quería llegar más temprano... "Es que la clase de acondicionamiento físico empieza a las nueve y quiero tomarla completa"

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